Archivos para CARTAS

Carnaval… ¿Carnaval?

Haciendo ejercicio de autocrítica esta entrada se ha trasladado al mafamundi, de contenidos reservados únicamente a lectores adultos. Igualmente pueden verse alli los correos recibidos.

No quiero mezclar contenidos y pido disculpas por este error.

Mafito.

Comentarios (10)

Cartería.

Para que luego digáis que es difícil escribir cartas.  Esto sí que es el más difícil todavía. Comprobadlo leyendo…

 

Querido hijo:

Te escribo estas líneas para que sepas que estoy viva. Te escribo lentamente porque sé que no sabes leer deprisa. Si recibes esta carta es porque te llegó, si no avísame que te la mando de nuevo.

Tu padre consiguió un trabajo muy bueno, tiene 500 personas bajo su poder. Es el nuevo cuidador del cementerio del pueblo.

No vas a reconocer la casa cuando vengas, porque nos mudamos. La nueva tiene una lavadora que no funciona bien: la semana pasada puse cuatro camisas, tiré de la cadena y todavía no las he vuelto a ver.

A tu tía Carmen le pasa al revés que a mí: ella cuando toma café no puede dormir, en cambio yo, cuando duermo no puedo tomar café.

Finalmente enterramos a tu abuelo. Encontramos el cadáver ahora con todo esto de la mudanza. Estaba en el armario, desde ese día que ganó jugando al escondite.

Lamento decirte, hijo, que la semana pasada tu padrino se ahogó en la destilería en un tanque de brandy. Varios hombres trataron de salvarlo pero luchó valientemente contra todos ellos. Tardaron tres días en apagar el fuego cuando lo incineramos.

Hoy tu hermana Julita tuvo un hijo, pero como todavía no sé si es nena o nene, no sé si llamarte tía o tío. Quien hace mucho que no aparece es tu tío Venancio, que murió totalmente el año pasado.

Tu hermano José cerró el coche con seguro y dejo las llaves dentro. Tuvo que volver a casa para buscar el duplicado y poder sacarnos a todos.

El clima no es tan malo; la semana pasada solo llovió dos veces; la primera vez por tres días y la segunda por cuatro días.

La chaqueta que querías, tu tío Pepe dijo que si la mandábamos con los botones puestos pesaría demasiado y el envío sería muy costoso, así que le quitamos los botones y los pusimos en el bolsillo.

Todos te extrañamos mucho, pero mucho más desde que te fuiste. Tienes que escribirnos contándonos como te va con tu novia extranjera; no sabes como nos pusimos de contentos cuando nos enteramos que estabas en cama con Hepatitis, ¿es acaso griega? Pues no lo aclaraste aun.

Esta carta te la mando por Juanelo que va mañana por ahí. A propósito ¿puedes ir a buscarlo al aeropuerto?

Bueno, hijo, no escribo el remitente porque no se la dirección nueva . La última familia caletrina que vivió en esta casa se llevó los números para no tener que cambiar la dirección.

Tu madre que te ama, YO (Maripepa Cubasta de Naranjeta)

Pd: Te iba a mandar veinte euros, pero ya cerré el sobre.

Seguid con la respuesta…

Querida Madre:

Recibí tu carta que mandaste con el primo Juanelo, pero como el muy bruto me la entregao al día siguiente de haber llegao, ya no pude ir por él al aeropuerto.

Me dio mucha alegría saber que estas viva y me hubiera dado más si me hubieras mandado los veinte euros, comprendo que ya habías cerrado el sobre, pero me las pudiste haber mandado por fax.

A lo mejor no entiendes mi letra, pero es que te hecho caso y estoy escribiendo lo más rápido que puedo.

Sabes, a mi no me extraña nada lo del abuelo, siempre se me hizo muy sospechoso que el cuarto de aseo se hubiera atrancao por dentro.

Yo si sé lo que tiene papá, tiene la radio de transistores que yo iba a traerme en lugar del aparato para la sordera que pusiste en mi maleta, no te culpo, son tan parecidos que cualquiera se confunde. Para que veas, yo me pasé seis meses creyendo que como la radio la compre allí, aquí no se oía.

Dile a Julita que muchas felicidades por el bebé, y que me diga cuanto antes si fue niño o niña, porque si ya soy tía tendré que afeitarme el bigote.

No le he dao tus saludos a Doña Remedios porque no la he visto, pero esta mañana he hablado con ella por teléfono y está bien.

A mí me ha ido regular. El primer trabajo que tuve duró solo tres días. Me contrataron para pintar la raya blanca de una carretera, el primer día he pintao 5 km., el segundo 3km. y el tercero solo he pintao 1km., el capataz me dijo que estaba yo despedío, porque cada día pintaba menos, y yo le dije, hombre claro como que cada día me queda más lejos el bote de pintura.

Ahora estoy trabajando como dependiente de una farmacia, pero ya voy a renunciar porque me he enterado que la policía está haciendo redadas de farmacodependientes.

Ya tengo novia, se llama Mary Pili y es una chica caletrina, la conocí en una reunión. Me di cuenta que era caletrina porque llevaba un vestido con cascabeles y me recordaba a la Romera, la mula blanca del abuelo.

Bueno mamaíta, no te pido que saludes a papá porque no te va a oír, pero recibe el cariño de tu hijo.

Chemita.

P.D. Ahora que me acuerdo, no sé porque te escribo esta carta si no tengo tu nueva dirección.

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Para mayores…

Lo que a continuación pongo es para mayores, aunque también lo podéis leer vosotros, parlominos míos.

 

 Hace tiempo publiqué en otro blog esta carta para una mamá. Como ya casi estamos en Jalogüin la repito, ya que las circunstancias son similares y, por supuesto, sigo pensando lo mismo.

Aún no he perdido la esperanza de que alguien me entienda.

 

Amiga Angustias:

 

Leo asombrado la tuya, en la que te quejas de Jalogüin (en patrio debería ser así) y las costumbres raras que nos llegan de fuera y que, en tus palabras; nos están invadiendo y minando nuestras raíces.

Te voy a contar algo que posiblemente por tu juventud, ignores, que creo puede aclarar tu idea sobre “nuestras raíces”.

 

Hace bastantes años, en los pueblos de nuestra comarca, y también en muchos otros, era costumbre celebrar estas festividades, pero a lo tétrico, a lo muy añejo, no como ahora.

 

Imagina un pueblo de poco más de un centenar de habitantes, apenas emergente en una hondonada de arroyos.

Imagina su alumbrado público: una docena menguada de bombillas, de aquellas de veinticinco como decíamos, para que no se fundieran los plomos. Te diré que en la mayoría de las viviendas solamente había luz eléctrica en la cocina que, a la vez, era cuarto de estar. Con suerte algunos afortunados tenían luz en el comedor… si tenían la suerte de tenerlo.

Imagina una noche lúgubre, fría y negra como la muerte misma…

En fin, imagina el sombrío panorama, añádele la machacona monotonía de las campanadas que se oían, día y noche, cercanas como nunca, tocando a muerto…

 

Como las diversiones eran pocas –en años de penuria como aquellos se nos privaba hasta de ese derecho, recalcándonos que España era la reserva espiritual de occidente, y más: católica, apostólica y romana…- pues había que ir a entretenimientos obligatorios… en la iglesia del pueblo. Ésta era la más oscura, fría, triste y seca ,a pesar de sus humedades, que haya visto en mi vida…

Ya te he dicho que nos forzaban a ir a misa, llegando a penar con multas rigurosas el terrible pecado de no santificar las fiestas…

 

Al llegar a las ceremonias vespertinas, después de adivinar el camino entre las sombras de las calles estrechas y embarradas, te recibía el de negro con saludos de este estilo:

Mira que te mira Dios… mira que te está mirando…

mira que vas a morir… mira que no sabes cuando…

o este otro inspiradísimo:

Oye la voz que te advierte… que todo es ilusión…

menos la muerte.

Después, ya muy quedo, ya bramando como macho en celo, describía con prolija exactitud los tormentos del fuego eterno y a los hijos de Satanás.

 

Siempre conseguía su propósito, dejándonos a todos acongojados y traspuestos, más a los de pocos años como yo, que apenas empezábamos a tener uso de razón.

 

Cuando volvíamos, después de horas la mayor parte de las veces, lo hacíamos temerosos, mirando a todas partes, a cada hueco de aquellos caserones, pisando el barro del centro de las callejas, corriendo o a paso vivo… valía todo para acogernos al refugio de las cálidas brasas de las chimeneas y, tras cenar, enterrarnos en el cobijo protector de las mantas, sin atrevernos

a asomarnos ni un ápice…

 

Durante días las llamas de los candiles eran más fantasmagóricas que de ordinario, provocando angustias y terrores…

Todo gracias a la entrega y dedicación de aquel repulsivo patibulario.

 

Volviendo al principio:

 

Me cuentas que te cansan los niños de hoy, llamando a tu puerta para que les des dulces o te den un susto…

Comparando, no diré que me entusiasmen todos los usos y costumbres sajonindias; pero éstas salvo el exceso de los huevazos, son esas pequeñas inconveniencias que nos hacen sonreír, nos acercan más unos a otros y nos permiten ver a nuestros niños como lo que son:

trastillos encantadores que con su desparpajo y candidez nos recuerdan que seguimos vivos… …y que nos necesitan, en ocasiones para conocer el límite de las cosas; otras veces, sencillamente, como cómplices.

 

Hazme caso y no vuelvas a enfadarte… o te doy un susto.

 

Un abrazo.

 

Miguel.

 

 

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